10 decálogos de grandes escritores

10 decálogos de grandes escritores. Lupe Redón

Son muchos los escritores consagrados que han querido compartir sus experiencias literarias y su visión particular de la escritura dándoles forma de decálogo. En algunos encontramos recomendaciones formales, y otros tienen un carácter más irónico y humorístico. Esta es una posible selección de los decálogos literarios que más interesantes me han parecido.

 

Virginia Woolf (1882 - 1941)

 

1. Una buena novela es cualquier novela que le hace a uno pensar o sentir.

 

2. Tiene que meter el cuchillo entre junturas del cuero con el que la mayoría de nosotros estamos recubiertos.

 

3. Tiene que ponernos quizás incómodos y ciertamente alerta.

 

4. El sentimiento que nos produce no tiene que ser puramente dramático y por tanto propenso a desaparecer en cuanto sabemos cómo termina la historia.

 

5. Tiene que ser un sentimiento duradero, sobre asuntos que nos importan de una forma u otra.

 

6. Una buena novela no necesita tener trama; no necesita tener final feliz; no necesita tratar sobre gente simpática o respetable; no necesita ser lo más mínimo como la vida tal como la conocemos. Pero tiene que representar alguna convicción por parte del escritor.

 

7. Tiene que estar escrita de modo que transmita la idea del escritor, ya sea simple o compleja, tan fielmente como sea posible. No tiene que repetir aquello que es falso o trillado simplemente porque al público le resulta fácil mascullar una y otra vez sobre lo falso y lo trillado.

 

8. Todo esto se refiere a las novelas escritas en el pasado. Es imposible estar seguro de cuáles serán las características de una buena novela en el futuro. Las novelas contemporáneas nos sorprenden a menudo por ser muy distintas de aquello que hemos aprendido a admirar y crean una belleza que, al ser tan distinta de la antigua, resulta mucho más difícil de apreciar. Pero lo contrario también es cierto; algunas de las mejores novelas también se han hecho inmediatamente populares y del todo fáciles de entender.

 

9. El único método seguro de decidir si una novela es buena o mala es simplemente observar nuestras propias sensaciones al llegar a la última página. Si nos sentimos vivos, frescos y llenos de ideas, entonces es buena; si quedamos hartos, indiferentes y con poca vitalidad, entonces es mala. Pero estar seguro de lo buena que es una novela y el tipo de virtud que tiene resulta extremadamente difícil.

 

10. El mejor método es leer lo antiguo y lo nuevo uno al lado del otro, compararlos y así desarrollar poco a poco un criterio propio.

 

Juan Carlos Onetti (1909 - 1994)

 

1. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

 

2. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

 

3. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

 

4. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

 

5. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

 

6. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

 

7. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

 

8. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

 

9. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera que sea su origen. Roben si es necesario.

 

10. Mientan siempre.

 

11. No olviden que Hemingway escribió: “Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.”

 

Ray Bradbury (1920 - 2012)

 

1. Nunca empieces escribiendo novelas.

 

2. Es posible admirar algunos escritores, pero no remplazarlos.

 

3. Examina siempre la calidad de los cuentos.

 

4. La lectura es una fuente inagotable para la creatividad.

 

5. Deshazte de los amigos que no creen en ti.

 

6. Vive en la biblioteca.

 

7. Enamórate del cine.

 

8. Escribe con alegría y no lo hagas para ganar dinero.

 

9. Elabora una lista con diez cosas que amas y diez cosas que odias.

 

10. Escribe cualquier cosa vieja que recuerdes.

 

Augusto Monterroso (1921 - 2003)

 

1. Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

 

2. No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

 

3. En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".

 

4. Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

 

5. Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

 

6. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

 

7. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

 

8. Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

 

9. Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

 

10. Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

 

11. No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

 

12. Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

 

Ana María Matute (1925 - 2014)

 

1. El escritor nace, no se hace: es una cuestión de ser o no ser.

 

2. Escribir es también una forma de protesta. Casi todos los escritores comparten el malestar con el mundo.

 

3. Mientras haya un poeta, la poesía existirá.

 

4. Maestros, modelos, estudios nunca estorban y pueden ayudar; pero no crean.

 

5. Escribir es siempre muy difícil, sobre todo hacerlo de forma aparentemente sencilla.

 

6. Lo "políticamente correcto" casi nunca es literario.

 

7. Para un escritor, no hay universidad ni escuela que enseñe lo que enseña la vida.

 

8. Escribir no es solamente una profesión y una vocación: es una forma de ser y de estar.

 

9. Un libro no existe en tanto alguien no lo lea. Y nunca nadie lee el mismo libro.

 

10. El día que yo piense que he escrito algo perfecto, estaré muerta (como escritora).

 

Carlos Fuentes (1928 - 2012)

 

1. Disciplina. Los libros no se escriben solos ni se cocinan en comité. Es un acto solitario y, a veces, aterrador. Es como entrar en un túnel sin saber si habrá salida.

 

2. Leer mucho, todo, verazmente. La vida no te va a alcanzar para leer y releer todo lo que quisieras.

 

3. Relación entre tradición y creación. No hay nueva creación literaria que no se sostenga sobre la tradición, de la misma manera que no hay tradición que perviva sin la savia de la creación. El autor de ayer se convierte en autor de hoy, y el de hoy, en el de mañana. Es así porque el lector conoce algo que el autor desconoce: el futuro. El siguiente lector de Don Quijote será siempre el primer autor de Don Quijote.

 

4. La imaginación. “La loca de la casa” abre con todas sus locuras todas las ventanas. Respeta a los vampiros que duermen en los sótanos. Levanta los techos de las casas. La imaginación vuela y sus alas son la mirada del escritor. Mira y sus ojos son la memoria, el presagio del lector. La imaginación es la unidad de nuestras sensaciones lideradas. Es el as en que se reúne lo disperso (…) Imaginar es trascender o por lo menos darle sentido a la experiencia, es convertir la experiencia en destino y salvar al destino con suerte de la simple fatalidad.

 

5. La importancia de la realidad literaria. No se limita a reflejar la realidad objetiva. Añade algo que no estaba allí, enriquece y potencia la realidad primaria.

 

6. El tiempo en la literatura transforma la historia en poesía y ficción. La literatura ve a la historia y ésta se subordina fatalmente porque la historia es capaz de verse a sí misma sin un lenguaje.

 

7. Publicada, la obra literaria ya no te pertenece. Se convierte en propiedad del lector. También en objeto de la crítica y en un diálogo con la obra. La literatura es idéntica al instrumento de su crítica, que es su propio lenguaje; ni las artes plásticas, la música, el cine, incluso el teatro sufren de esta incestuosa relación entre palabra creadora y palabra crítica.

 

8. No dejarse seducir por el éxito inmediato ni la ilusión de la inmortalidad. La mayoría de los best sellers de una temporada se pierden muy pronto en el olvido; el bad seller de hoy puede ser el long seller de mañana. Sé fiel a ti mismo y escucha la voz profunda de tu vocación. Asume el riesgo tanto de lo clásico como de lo experimental.

 

9. Posición social del escritor. El escritor cumple con una función social siempre, manteniendo vivas en la escritura la imaginación y el lenguaje. Aunque no tenga opiniones políticas, el escritor, le plazca o no, contribuye a la vida con el vuelo de la imaginación y la raíz del lenguaje. No hay sociedad libre sin ella. No es fortuito que los regímenes totalitarios traten de silenciar a los escritores.

 

10. El décimo mandamiento está en tu imaginación y en la de todos los escritores “de su palabra y su libertad”.

 

Joyce Carol Oates (1938)

 

1. Escriba de corazón.

 

2. La primera frase sólo se puede escribir después de que haya sido escrita la última frase. El primer borrador es el infierno. El último borrador, el paraíso.

 

3. Escriba para sus contemporáneos, no para la posteridad. Si tiene suerte, sus contemporáneos se convertirán en la posteridad.

 

4. Tenga presente a Oscar Wilde: “Un poco de sinceridad es peligrosa, y mucha es absolutamente fatal”.

 

5. Cuando dude sobre cómo finalizar un capítulo, haga que aparezca un hombre con una pistola (Es un consejo de Raymond Chandler. No es mío. Yo no lo probaría.).

 

6. A menos que esté escribiendo algo muy vanguardista -retorcido, enmarañado y oscuro- considere dividir los párrafos adecuadamente.

 

7. Sea su propio editor y crítico. Comprensivo, pero ¡despiadado!

 

8. No espere un “lector ideal”. Puede que él o ella exista, pero está leyendo a otro.

 

9. ¡Lea, observe, escuche intensamente! Como si su vida dependiera de ello.

 

10. Escriba de corazón.

 

Margaret Atwood (1939)

 

1. Tenga un lápiz a mano para escribir en los aviones. Las lapiceras chorrean. Sin embargo, si la mina se rompe no la puede afilar porque no se puede llevar un cuchillo a bordo. Así que lleve dos lápices.

 

2. Si al segundo lápiz se le rompe la mina siempre puede recurrir a una lima de uñas de metal o de cristal.

 

3. Lleve algo para escribir. El papel es bueno. En un apuro, pedazos de madera o su propio brazo son útiles.

 

4. Si usa una computadora, guarde siempre los textos en un USB.

 

5. Haga ejercicios de espalda. El dolor distrae.

 

6. Mantenga la atención del lector (probablemente lo logre si consigue mantener la suya). Pero no sabe quién es el lector, de modo que es como pescar peces con una honda en la oscuridad. Lo que fascina a A matará de aburrimiento a B.

 

7. Lo más probable es que necesite un diccionario, una gramática elemental y un asidero a la realidad. Esto último significa que no hay almuerzo gratis. La escritura es un trabajo. También un juego. No le dará un plan de pensiones. Algunas personas pueden prestar ayuda, pero en esencia lo único que cuenta es usted. Nadie le obliga a hacerlo: usted lo eligió, así que no se queje.

 

8. Nunca lea su obra con la inocente expectativa que tiene en la primera y deliciosa página de un libro nuevo, porque usted la escribió. Ha estado entre bambalinas. Ha visto cómo los conejos se metían en el sombrero. Pídale a un par de amigos que le echen un vistazo antes de lanzarlo al negocio editorial. Pero es mejor que no tenga una relación romántica con ninguna de esas personas, a no ser que quiera romper con ella.

 

9. No se quede sentado en medio del bosque. Si está perdido en la trama o se ha bloqueado, vuelva sobre sus pasos allí donde erró. Y tome otro camino. Y/o cambie al personaje. Cambie el tiempo. Cambie la primera página.

 

10. La oración debería funcionar. O leer algo más. O una visualización constante del Santo Grial, que es la versión final y publicada de su esplendoroso libro.

 

Paul Auster (1947)

 

1. Nunca es fácil. Creo que el proyecto más difícil al que me he enfrentado es cada uno de los que he intentado hacer. Nunca es fácil. Algunas cosas se escriben más rápido que otras, pero realmente no puedo medir los grados de dificultad.

 

2. Relájate y sucederá. Cuando estaba escribiendo una novela y me quedaba atascado, y todos los escritores se atascan en algún momento, entraba en un estado de pánico, pensando que el proyecto se había acabado, no sabía qué hacer con él y resultaban momentos muy tormentosos. Ahora que soy viejo, cuando llego a uno de esos momentos, me digo a mí mismo: “Si este libro necesita ser escrito, si es algo valioso, si cuenta con el poder que creo que tiene, entonces voy a solucionarlo y todo lo que tengo que hacer es ser paciente”. A veces es cuestión de un par de días libres, a veces un mes o incluso seis. El tiempo para meditar qué quiero hacer con el libro. Y luego ahí estás, rodando de nuevo. Y no sé qué pasa, pero creo que es una cuestión del inconsciente diciéndote qué poner en la página. Si escuchas y te relajas lo suficiente como para ser capaz de escuchar, ocurrirá.

 

3. Prueba a vivir en el extranjero. Dejé Estados Unidos al final de los 70, cuando tenía 24 años. Me dio una nueva perspectiva de América. Creo que es una cosa buena dejar tu país y mirarlo desde la distancia. Yo lo recomiendo. La vida es ahora mucho más cara que entonces, pero supongo que si tienes medios financieros suficientes, es muy bueno para una persona joven. Mejor hacerlo cuando eres joven que cuando eres viejo.

 

4. Aprende de los grandes. Creo que lo importante para los jóvenes escritores es leer a los buenos. Y supongo que con esto quiero decir a los que han resistido la prueba del tiempo. Ya sabes, los grandes. Hawthorne, Melville, Dostoevsky, Tolstoy, Kafka, Dickens… es de donde vas a sacar lo mejor. Y cuando ves la forma tan brillante en la que ellos hacen las cosas, entiendes que están ahí por una razón, porque son realmente los mejores escritores. Y creo que hay que aprender de los grandes.

 

5. No te des demasiada importancia. Cuidado con el ego y con darte demasiada importancia. No seas un escritor. Es una terrible forma de vivir tu vida. No ganarás nada con ello salvo pobreza, soledad y oscuridad. Así que si realmente quieres escribir, si te quemas por hacerlo, adelante. Pero no esperes nada de nadie. El mundo no te debe nada y nadie te lo ha pedido. Es común que los jóvenes tengan sentimientos de logro tales como: “¡Por supuesto que mi libro debería ser publicado! ¡Por supuesto que tengo que poder ganarme la vida con esto!”. Pero las cosas no funcionan así.

 

Jeanette Winterson (1959)

 

1. Póngase a trabajar. La disciplina permite libertad creativa. La no disciplina es igual a no libertad.

 

2. Nunca se detenga cuando esté atascado. Puede que no sea capaz de resolver el problema, pero póngalo a un lado y vaya a escribir algo más. No se detenga por completo.

 

3. Ame lo que haga.

 

4. Sea honesto consigo mismo. Si no es bueno, acéptelo. Si el trabajo que está haciendo no es bueno, acéptelo.

 

5. No aferrarse a un trabajo deficiente. Si era malo cuando entró en el cajón, será igualmente malo cuando salga.

 

6. No le haga caso a quien no le respeta.

 

7. No haga caso de cualquier persona con problemas de género. Muchos hombres siguen pensando que las mujeres carecen de imaginación.

 

8. Sea ambicioso con el trabajo y no con la recompensa.

 

9. Confíe en su creatividad.

 

10. ¡Disfrute de este trabajo!

 

¿Cuál es tu decálogo literario favorito? ¡Me encantaría leerlo!

 

Etiquetas: Escritura creativa, Escritores célebres

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