Terapia de reencuentro

    27 de diciembre de 2015

Estimada Valentina:

 

Hace veintidós años que no sé nada de ti.

 

Recuerdo que siempre estabas rodeada de gente; todos te trataban con mucho respeto, excepto mi prima, que se burlaba de lo que hacías. A mí no me gustaba que se comportara de esa manera contigo; me indignaba, sin embargo, nunca hice nada para impedirlo.

 

La última vez que estuve a tu lado, cogí tu mano y me acariciaste los dedos, pero no conseguí que me hablaras y me sentí profundamente apenada. A la mañana siguiente, cuando te fuiste, no fui capaz de despedirme de ti. Aunque es ahora cuando comprendo que todo este tiempo me he sentido culpable, mi condena empezó aquel día. Sé que no me guardas rencor, jamás le guardaste rencor a nadie, por eso no pretendo con esta carta que me perdones. Solo necesito escribirla. Tú me dirías: «No pierdas el tiempo pensando esas cosas; coge el chocolate del cajón de mi cuarto». Siempre admiré que te sintieras dichosa con las cosas pequeñas y te guardaras las quejas en los bolsillos de tu delantal negro. Teniendo mucho más de lo que tú pudiste alcanzar, yo nunca estoy contenta con nada, y es por eso que no me soporto y no dejo de pensar en la muerte.

 

Rebuscando en mi memoria, me acordé de aquel día: mis nueve años, tu puerta vieja, la calle larga, pañuelos de luto y olor a flores; las lágrimas de mi padre, al que nunca antes había visto llorar, y la voz de mi madre, que me dijo que entrara a verte. Yo no quise ni imaginar lo que había dentro del ataúd; di media vuelta y me alejé por un pasillo de gente que me pareció interminable. Jamás le dije a nadie que lamenté no haberte visto por última vez, pero eras mi bisabuela tocaya y te dejaste el tacto en mi mano.

 

Después de todo este tiempo, quiero darte las gracias por el amor y el esfuerzo que algún día entregaste; comprendo que no concibo mi vida sin reconocer tu legado. Nunca te fuiste, y no será ahora cuando me despida de ti, porque llevo tu nombre y por él sobrevivo.

 

PD. Dice Teresa, mi terapeuta, que escribir es muy curativo. Mañana tengo que llevarle tu carta.

 

*Seleccionada en el I Concurso de Cartas de Ojos Verdes Ediciones “Cartas que nunca escribiste”

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